De todas las cosas aparentemente simples que amo en la vida, probablemente una de las que más ame de todas sea cenar sentada en la encimera de la cocina de mi abuela. Allí encaramada, con los pies colgando, nada malo puede pasarme, el mundo parece un lugar más amable.
Lo mágico no es la encimera, ni la cocina, ni tan siquiera la cena, sino mi abuela Amelia. Ella ha sido, es y siempre será mi persona favorita del Universo, sin más. Dicen que todas las abuelas son especiales; yo no lo creo, hay abuelas y abuelas, pero la mía es perfecta.
Es perfecta su nariz, su sonrisa, sus ojos, su cultura. Es perfecto el tono de su voz, sus manos, su máquina de coser, su coquetería, su pelo, su olor. Son perfectas sus recetas, sus regañinas, sus ocurrencias. Son perfectos sus “te quiero”, sus gustos, su forma de abrir la puerta, su manera de contestar el teléfono. Es perfecta cuando me llama “cariño”, cuando me aconseja, mientras cocina, al perfumarse, al ponerse los pendientes. Ama es perfecta en la playa, en la piscina, sentada en el salón, en invierno, en Navidad, en la calle, en Madrid, en Bilbao, en París, en Roma, en Florencia, en su casa, en la mía.
La llamo Ama, Amatxu a veces; otras veces no la llamo, solo la miro, la miro sin parar, me impregno de su elegancia, de su belleza infinita, del brillo de sus ojos sabios y juveniles, valientes, amorosos.
Me daba miedo ponerme a escribirle algo así, pareciera que esta especie de cartas que no esperan respuesta se relacionaran siempre con los homenajes póstumos a las personas que hemos querido. Pero no es así. Debemos superar los convencionalismos y pudores que nos alejan de la belleza que supone homenajear, agasajar y amar cada día a las personas que queremos y que son nuestro mundo.
Es el cumpleaños de mi abuela Amelia, y yo, cada día de mi vida, quiero regalarle lo mejor de mí; dicen que lo que mejor hago es escribir, y a ella le enorgullece leerme. A mi ella me obsequia cada día con su presencia en mi vida, y doy gracias al Cielo cada noche por regalarme una abuela así, perfecta.
Hoy, porque sí más que porque es tu cumpleaños, porque quiero y porque cada día llenas de perfección mi vida estando ahí, te digo Ama:
TE QUIERO, te quiero más de lo que nunca querré a nadie, nunca me faltes.
Claudia.

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